Nuestra Historia

Más de cinco décadas educando con sentido

El Colegio Francisco de Miranda nace en 1968 como un jardín infantil fundado por Teresa Pérez Vergara, en un contexto donde la educación comenzaba a pensarse como un espacio clave para el desarrollo integral de las personas. Desde sus inicios, el proyecto educativo se inspiró en la idea de un ser humano creador, situado en un contexto social y cultural, capaz de desarrollarse en libertad, responsabilidad y vínculo con otros.

En su carta fundacional, Teresa Pérez propuso una educación centrada en el equilibrio emocional, la autodisciplina y el gusto por aprender. Las clases debían ser dinámicas, motivadoras y significativas, permitiendo que los aprendizajes no solo cumplieran con los programas oficiales, sino que los trascendieran. Esta visión sentó las bases de una comunidad educativa que entendía el aprendizaje como un proceso vivo, afectivo y profundamente humano.

El nombre del colegio honra a Francisco de Miranda, pensador y prócer latinoamericano cuya vida y obra estuvieron marcadas por la defensa de la libertad, el respeto, la solidaridad y la unión entre los pueblos. Estos valores no solo dieron identidad al proyecto educativo, sino que se transformaron en principios éticos que han guiado la vida escolar desde sus inicios.

A lo largo de las décadas, y especialmente durante periodos complejos de la historia del país, el Colegio Francisco de Miranda se consolidó como un espacio de resguardo, reflexión ética y compromiso con los derechos humanos. En tiempos de vulneración de libertades, la comunidad mirandiana sostuvo una mirada crítica y humanizante, defendiendo la educación como un acto formativo y transformador, orientado a la conciencia, la responsabilidad y el respeto por la dignidad de las personas.

Con el paso del tiempo, el colegio fue ampliando su propuesta educativa, incorporando la Educación Básica y la Enseñanza Media, sin renunciar a sus principios fundacionales. Este crecimiento se dio desde una lógica colectiva, participativa y solidaria, donde estudiantes, familias y equipos educativos han sido protagonistas en la construcción del proyecto.

La obtención del reconocimiento oficial del Ministerio de Educación y del Decreto de Especial Singularidad permitió profundizar una propuesta curricular coherente con su identidad humanista. La incorporación de planes y programas propios, metodologías activas, experiencias artísticas y espacios de reflexión ética fortaleció una manera de enseñar que entiende el aprendizaje como un proceso integral y situado en la realidad social.

Hoy, con más de cincuenta y siete años de trayectoria, el Colegio Francisco de Miranda proyecta su historia hacia el presente y el futuro, integrando su legado con los desafíos contemporáneos de la educación. Se reconoce como una comunidad que apuesta por una escuela activa, diversa y reflexiva, donde el bienestar integral de los estudiantes es una condición esencial para aprender.

La historia del colegio no se limita a su pasado. Se actualiza cada día en las aulas, en la convivencia cotidiana, en el diálogo entre generaciones y en la formación de personas críticas, empáticas y conscientes de su rol en la sociedad. Así, la educación se vive como una experiencia que trasciende el espacio escolar y se proyecta hacia la transformación social.

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